La vida… Esa curiosa creación de la cual todos formamos parte. Cuando piensas en ella, de forma profunda, puedes ver su complejidad y perfección: todo encaja. En ocasiones, pensar en todo este diseño es abrumador. No es sencillo comprender esa increíble conexión que hace posible todo lo que acontece en este universo.

Nosotros no solo somos parte de él, si no, como ya explica la ciencia, influimos de manera directa en su creación y por tanto, en nuestra realidad. Como interpretamos nuestras experiencias y aprendemos de ellas, influirá en nuestros eventos futuros.

Estamos en este viaje de aprendizaje con un propósito claro: vivir de la forma en que realmente hemos venido a vivir, desde la felicidad. Sin embargo, a veces, eso que deberíamos ser y experimentar parece algo poco alcanzable e incluso en ocasiones imposible. El dolor, la incertidumbre ante lo desconocido, la desesperación, la falta de comprensión de los hechos que acontecen y la necesidad de control, son solo algunas de las múltiples experiencias que nos producen una gran insatisfacción, tristeza y desanimo que hace que todo a nuestro alrededor se derrumbe.

¡La buena noticia es que no nosotros no somos eso ni tenemos porque vivir así! Por dura que pueda parecer cualquier experiencia humana, por dolorosa e incompresible que se nos presente, te puedo decir por experiencia propia, que no tiene por qué ser así. Somos mucho más, algo tan grande y perfecto que no podemos describir con palabras. Sin embargo, nos asusta pensar en nuestra grandeza, incluso nos resistimos a aceptarla porque parece demasiado buena para ser verdad, para ser merecedores de ella.

La vida me regalo una misión, un camino que siempre ha estado presente y delante de mí, a la espera de que estuviera preparado para acogerlo. No servía el conocimiento o la formación que había adquirido, la vida quería más, quería que experimentara y enfrentara esos retos tan duros para así, integrarlos, y desde ahí, poder compartir esa comprensión con otros y ayudarles en su camino. Sólo desde ahí se puede ayudar a otros a recorrer su camino en busca de esa llave que lo cambia todo, esa llave que todos tenemos y que se encuentra en nuestro interior, a la espera de ser encontrada.

Desde aquí mí misión es clara, estoy aquí para servir, desde el corazón, desde el conocimiento hecho sabiduría mediante la experiencia, desde la humildad, en definitiva: desde el amor.

Esta misión consiste es despertar a las personas de su narcotización para que ellos comprueben por si mismos quienes son realmente, como es el mundo que les rodea y como pueden influir en él mediante la conexión con su ser interior, con su verdadera esencia. Desde ahí vivir es más fácil, es más sencillo, más ligero, es incluso maravilloso.

A todas esas personas que viven situaciones que no comprenden, que no saben manejar, que les hacen querer huir para aliviar ese sufrimiento, me gustaría decirles:

Tú eres capaz de cambiar ese sufrimiento por felicidad, esa tristeza y frustración por gratitud y empoderamiento, ese dolor por vitalidad y energía, esa incertidumbre por comprensión y aceptación, en definitiva, tú, al igual que todos nosotros, tenemos la capacidad de decidir quién queremos ser en cualquier circunstancia externa que la vida nos muestre.

Permítete liberar la carga de tantos años de sufrimiento, déjame acompañarte para ayudarte a ver que todo cuanto necesitas ya existe en ti, en tu interior, a la espera de ser descubierto.

Gracias por dejarme acompañaros en vuestro proceso hacia la paz interior y la felicidad. 

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